miércoles, 11 de julio de 2012


R
Todo super héroe tiene una doble vida: Superman, es un joven periodista que lleva unas enormes gafas, para ocultar su rostro. En realidad, es un muchacho venido de otro planeta, con poderes especiales. Los utiliza para salvar vidas humanas, usando un disfraz ajustado a su cuerpo, con la S marcada en el pecho. Y por supuesto, tiene una chica, Lois.
Batman, resulta ser un importante y famoso hombre, que posee una gran fortuna. Vive en una increíble mansión y tiene una batcueva, un batcoche y un mayordomo que le ayuda. Más adelante, incluso se une a él un joven ayudante, Robin. También tiene una chica, aunque de esta nadie se acuerda. Sin embargo, este hombre no es de otro planeta, ni tampoco tiene poderes especiales. Simplemente se entrenó muy duro para saber luchar y ser muy hábil. Al igual que Robin, que solo es un chico de circo.
Spiderman, un joven fotógrafo que es picado por una super araña, la cual se escapa de su terrario en un laboratorio, donde las estaban modificando genéticamente. De ahí que el bicho tuviera una gran habilidad, la cual se la transmite al joven Peter Parker. El chico es fotógrafo y, da algo de lástima decirlo, pero solo se abre paso en su carrera, por la supuesta gran amistad con el super héroe, que es él mismo.
En nuestro mundo real, fuera de los comics, los dibujos y las películas, no podía faltar un héroe de verdad. Un joven muchacho, llamado Rubén, que trabaja en la mafia Española. Se creé que las mafias más peligrosas son la china, o la italiana. Pero en realidad es la española, porque nadie la conoce todavía y eso es, porque son demasiado sigilosos y pasan desapercibidos. Sus crueles asesinatos nunca son descubiertos. La gente desaparece, pero nadie sabe lo que les sucede. Sus cuerpos nunca aparecen y sus presencias quedan en el olvido… Nadie conoce al DON, ni a ninguno de los miembros de la mafia, hasta que Rubén decidió salvar vidas, mientras sacaba a la luz las verdaderas identidades de los hombres que formaban dicha mafia.

Parte 1
Rubén era un muchacho normal y corriente. Trabajaba en un nuevo casino, jugaba al fútbol con sus amigos, hacía bici e iba a la universidad, terminando su carrera. Pero un día, uno de sus amigos desaparece sin dar señales de vida. Falta al trabajo, no va por casa, no acude al campus, ni llama, ni manda ningún mensaje. Todos tienen un mal presentimiento y empiezan a llamarle una y otra vez sin ningún éxito, pues su teléfono está en todo momento apagado. Su novia no sabe nada de él y desconsolada llora, pensando en lo peor. Su familia pone la denuncia y la policía empieza a actuar. Investigan su desaparición, empezando por la idea de que sus amigos han tenido algo que ver, sino todos, algunos o uno. Piensan que han podido matarle por alguna causa, así que los interrogan a todos y cada uno de ellos.
Rubén se encontraba en la sala de interrogatorios, con el rostro serio y los brazos cruzados sobre el pecho. Mientras espera a que algún gordo y estúpido policía entre para interrogarle, piensa en que todo aquello no es más que una pérdida  de tiempo, porque está muy seguro de que ninguno de ellos lo ha matado. En su interior tiene la ligera sospecha, de que la policía no conseguirá nada y seguramente lo dejen como desaparecido, como tantos otros casos sin resolver. Aquello hacía que se sintiera  muy frustrado, porque algo muy grave debía de haberle pasado, para desaparecer de la tierra sin dejar ni rastro. En su mente no deja de darle vueltas, pensando en el lugar por el que empezar a investigar, ya que necesita saber la verdad, necesita conocer lo que le pasó a su amigo y a ser posible, encontrarlo. Pero un gordo y estúpido detective entra en la sala de interrogatorios e interrumpe sus pensamientos.
El detective se sienta enfrente de él, deja una libreta sobre la mesa que les separa y saca un bolígrafo del bolsillo superior  de su camisa. Comienza a hacerle preguntas sobre, cuándo había sido la última vez que había visto a su amigo, si sabía si tenía algún enemigo que quisiera verle muerto, si discutió con algún otro amigo de la pandilla, etc, etc…
Rubén mostró una sonrisa torcida y mirando fijamente al detective, le respondió a todas sus preguntas, sabiendo que eso no les llevaba a ninguna parte. Después tuve que dar una cuartada, sobre dónde se encontraba el día en el que su amigo desapareció. El joven volvió a sonreír, al ver la incompetencia de los policías, ya que si le hubieran investigado antes, sabrían que trabajaba en un casino y que justamente el día en el que prevén su desaparición, él se encontraba trabajando.
Su interrogatorio fue rápido, pero al mostrarse más inteligente que el detective, causó que todos sospecharan de él. No tenían todavía el motivo por el que Rubén quisiera matar a su amigo, así que no podían acusarle de nada, ya que tampoco sabían si el muchacho estaba muerto, secuestrado o simplemente se había marchado por alguna discusión. No tenían absolutamente nada y tampoco podían descartar ninguna de las posibilidades.
Cuando Rubén salió de la comisaría, decidió ir a casa de su amigo Enrique, el muchacho que había desaparecido sin dejar ni rastro. Entró en el edificio al engañar a una vecina por el telefonillo. <<Propaganda>> dijo el muchacho y la anciana le dio al botón de abrir, a pesar de que tenían un buzón fuera para ese tipo de cosas. Pero hay ancianas que no lo piensan y simplemente abren. Cogió el ascensor y subió al quinto piso. Cuando las puertas se abrieron, se encontró de cara con una de las vecinas, la cual, iba a sacar a su caniche a pasear. La mujer de madura edad, pelo rubio, recogido en un elegante moño, los labios pintados de rosa y unas enormes gafas de sol cubriendo prácticamente todo su rostro. Iba muy arreglada  para ir solo a pasear a su blanco y  pomposo caniche.
La mujer le saludó por educación, pero apenas se fijó en él. Rubén le devolvió el saludo y salió lo antes posible del ascensor. Sabía que no sería nada bueno, que la mujer declarara haberle visto por allí. Caminó hacia la puerta de la casa de su amigo y con habilidad la consiguió abrir. Solo necesitó una tarjeta de crédito para conseguirlo. Al entrar en el piso, vio que todas las cosas  estaban revueltas y algunas tiradas en el suelo. Alguien había estado allí antes que él y después de la desaparición de su amigo. Sin embargo, la puerta estaba cerrada  y no había ninguna señal de haber sido forzada, así que la persona que estuvo allí o entró cuando su amigo estaba aún en la casa y le  abrió la puerta, o bien, el  que entró lo tenía y le había quitado las llaves de su hogar.
Continuó caminando hacia el salón, no se trataba de ningún robo, ya que la pantalla plana, la mini cadena, la play, el ordenador portátil…todo estaba allí y era lo único que su amigo podía tener de gran valor, ya  que no era un muchacho que  tuviera dinero como para interesarle a alguien. Y entonces le vino la gran idea. Su amigo siempre andaba muy justo de dinero, a veces, incluso no le llegaba a fin de mes. Estuvo un tiempo en el paro, pero el gobierno le retiró la ayuda y pasó unos meses sin cobrar de ningún lado, hasta que consiguió un nuevo trabajo. No hacía mucho de ello. Se mostraba ilusionado por un buen sueldo, pero su forma de ser cambió por completo. Se mostraba siempre muy nervioso, mirando a su alrededor en todo momento, como si alguien le estuviera siguiendo.
Mosqueado al recordar todo aquello, comenzó a buscar entre los cajones abiertos del salón, pero no había nada interesante.  Por supuesto, había sido precavido y se había puesto unos guantes, para que la policía no pudiera  encontrar sus huellas en ninguna parte, porque sabía que le  culparían a él de todo aquel desastre y se centrarían en la única posibilidad de que su amigo tuviera algo que  pudiera delatarle sobre algo y por eso le mató, ocultó su cuerpo y fue a registrar su casa.
Caminó hacia la habitación de su amigo, las puertas de su armario estaban abiertas y toda su ropa estaba fuera, tirada en el suelo. Pero no habían descubierto el cajón secreto que había empotrado en la pared del fondo del armario. Si su amigo ocultaba algo importante, estaba seguro de que estaría allí oculto. Se metió dentro del armario, se agachó y con una pequeña maniobra de fuerza y maña, consiguió que se abriera el invisible cajón. En su interior, encontró la prueba. Se trataba de la primera pista que le llevaría por el buen camino para saber lo que le había ocurrido a su amigo. Metió la mano y lo sacó.
<<  CONTINUARÁ >>

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