domingo, 1 de julio de 2012

La tristeza de las llamas.

En los pueblos de Valencia estamos viviendo una situación debastadora. Un increíble incendio que, al parecer se originó a consecuencia de un error en la instalación de una placa fotovoltaica, está complicándose debido a las condiciones meteorológicas, con la posibilidad de que siga extendiéndose hasta el parque natural de Sierra Calderona, donde viven muchos animales. 

Lo más triste de todo, no es solo el echo de que muchos animales salvajes corren despavoridos huyendo de las grandes llamas del incendio y algunos muren en el intento. Los que sobreviven, tampoco es que tengan muy buena suerte, porque han perdido su medio natural, su hogar y seguramente acaben encerrados en algún parque natural. De todos modos, al menos están vivos. 

Lo peor de todo, es leer una noticia en la que que las gentes dicen haber dejado a sus mascotas encerradas, además de a los caballos y al ganado, sin ninguna posibilidad de salir huyendo. Su muerte está más que asegurada. Morir quemados por el fuego ¿puede haber mayor sufrimiento? Culpan a que solo les dieron cinco escasos minutos para desalojar sus viviendas. ¿Y qué hicieron con esos minutos? Porque creo que si de verdad te importan los animales, si de verdad les quieres, corres para abrir las puertas y que el ganado salga corriendo y los caballos. Coges a tus mascotas y las sacas contigo, no las dejas en casa y después lloras sus pérdidas.
¿Podéis imaginaros a esos animales, sintiendo el calor, oliendo el fuego y tratando con total desesperación, encontrar una forma de salir de allí, llorando implorando a sus dueños que los saquen de allí y quemándose porque no han podido escapar, porque sus dueños los abandonaron en un lugar donde sentenciaron sus muertes? Que esa gente no me diga que quería a sus mascotas, que no me cuenten la película de que les van a echar de menos y de que la culpa es de esos cinco escasos minutos, porque no me lo trago, no me lo creo. Falsas lágrimas de cocodrilo, culpables de asesinar a sus propias mascotas, al abandonarlas en el interior de sus casas. ¿Cómo se puede ser tan frío y tan cruel? ¿Cómo se puede ser tan hipócrita?

Si por algún motivo, tuviera solo cinco minutos para desalojar mi casa, no me importarían mis recuerdos, ni las fotografía, ni los libros, ordenadores, televisión, minicadenas, etc... Me bastarían esos cinco minutos para coger a mis tres pequeños perros y salir corriendo. Y que se queme mi casa, que se derrumbe mi finca, pero lo único que perdería serían materiales, cosas que se pueden reemplazar con el tiempo. Pero a ellos, a mis tres pequeños, no los cambio por nada del mundo. Daría mi propia vida por ellos, porque ellos no me dejarían de buscar si me perdiera, no me abandonarían en una casa llena de llamas, hasta se quemarían por estar conmigo. Sé que ellos no me dejarían y por esa increíble lealtad, les debo hasta mi vida.

Levantarse por la mañana y salir al balcón, viendo el cielo cubierto de humo y oliendo a fuego, estando en la ciudad, me ha llenado de tristeza y se me han saltado las lágrimas, porque si en la ciudad estamos así, quiere decir que por los montes está mucho peor la situación y pensar en todos esos animales que han muerta que morirán por nuestra culpa, la culpa del ser humano, se me cae el alma a los pies. Y la rabia de la impotencia de no poder hacer nada para salvarlos, de no poder detener las llamas y extinguir el fuego, es tan grande en mi interior, que me duele hasta el corazón.

Cuando todo acabe y espero que sea lo antes posible, os reto a que echéis una mano. Parece que plantar pinos no sirve para nada. Pero es todo lo contrario, es ayudar a que haya un nuevo comienzo, ha que se creen nuevos hogares para los animales que sobrevivieron al terrible incendio y puedan volver a pastar y vivir en paz.

¡Vamos a plantar pinos y ha hacer que los montes vuelvan a ser como antes! ¡Salvemos sus vidas y de paso salvaremos las nuestras!

                                                             Besos

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